El fan con su nuevo ídolo
Apenas terminada la peli, Javito quiso tomarse una foto con su ya admirado Wall-E, que estaba ahí tomando la fresca en una suerte de banco de plaza. Julián se había acomodado para ser retratado también, pero la peligrosa cercanía de un grupo de chicas que por momentos lo miraban fue demasiado para él, y optó por hacer mutis por el foro antes del clic.
Anoche, lunes 7 de julio, nos fuimos en patota familiar a disfrutar de un preestreno del Club La Nación en el complejo de cines de Monroe y Arribeños: "Wall-E", la nueva maravilla de Pixar.
Creativísima -as usual-, lúcida, brillante, no alcanzan los adjetivos para describirla.
Quizás la única advertencia importante que hay que hacer es para padres de niños preescolares: no sólo no pescarán nada de todos los comentarios ácidos sobre el lamentable rumbo que está tomando la humanidad en cuanto al consumismo y el exprimido desenfrenado de este baqueteado planeta, sino que probablemente ni siquiera entiendan las partes más simples y necesarias de la trama.
Además los colores -muchas escenas transcurren en un planeta Tierra futuro oscuro y sucio, otras en una enorme nave espacio y otras cuantas en el espacio mismo- no ayudan demasiado para que visualmente la película resulte atractiva para los más chicos.
Pero es una de las pelis más notables de los muchachos de Pixar, de eso no hay duda. Y hasta permite perfectamente el cine debate sobre los temas que plantea.

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